La segunda parte de esta serie empieza con su vuelta a casa tras prestar servicios en el ejército y cómo trató de lidiar con una escena pop en rápido cambio. El panorama es más complicado de lo que incluso un buen conocedor de la vida de Elvis podría comprender. Priscilla Presley, que hizo algunas apariciones en la primera parte, ofrece mucho más en esta. Nos ayuda a entender como su marido fue forzado a participar en películas pésimas como parte de una especie de prisión artística, siendo otra parte de esta prisión la de estar instalado en los hoteles de Las Vegas. El hombre que había creado tan cuidadosamente su personaje estaba ahora atrapado en actuar en papeles que le forzaban otros.
En las profundidades de los bosques del norte de Italia se encuentra la preciada trufa blanca de Alba. Objeto de deseo por los mayores mecenas del mundo, sigue siendo un elemento al que rodea un extraño misterio. No puede ser cultivada ni hallada: los únicos del planeta que saben cómo desenterrarlas son un pequeño grupo de ancianos italianos que caminan con bastón, que tienen un endiablado sentido del humor y que sólo van a su búsqueda por la noche, para que no quede ningún rastro de su manera de trabajar. Aún así, este pequeño enclave provoca un enfebrecido mercado que abarca el mundo entero.
La tercera parte de la serie trata de la necesidad de una transición desde el actual sistema monetario que gobierna el mundo hacia una economía basada en los recursos del planeta, a la que se aplicaría el conocimiento científico actual para hacerla realmente sostenible y eficiente.
El humorista político y autor Bill Maher viaja alrededor del globo entrevistando a gente sobre Dios y la religión. Conocido por su fino análisis e impertubabilidad, Maher nos lleva con su característica honestidad hacia un insólito viaje espiritual. Musulmanes, judíos y cristianos de muchas clases pararán por su análisis. Maher irá a un museo creacionista de Kentucky que muestra que los dinosaurios convivieron con la gente hace 5.000 años. Hablará con un rabino que disputa con negacionistas del Holocausto, con un músico musulmán que predica el odio contra Israel y encontrará a los creyentes más improbables. Y, en cierto sacerdote del Vaticano, encontrará a un inesperado escéptico.
El panorama es más complicado de lo que incluso un buen conocedor de la vida de Elvis podría comprender. Priscilla Presley, que hizo algunas apariciones en la primera parte, ofrece mucho más en esta. Nos ayuda a entender como su marido fue forzado a participar en películas pésimas como parte de una especie de prisión artística, siendo otra parte de esta prisión la de estar instalado en los hoteles de Las Vegas. El hombre que había creado tan cuidadosamente su personaje estaba ahora atrapado en actuar en papeles que le forzaban otros.