En los tres últimos episodios de la serie, Chris Packham sigue tres extraordinarios viajes evolutivos para descubrir cómo las implacables exigencias de la supervivencia transformaron a sencillos animales primitivos en algunas de las criaturas más sorprendentes que existen hoy. En Borneo, el voraz apetito del murciélago nos lleva más de quinientos millones de años atrás, hasta los orígenes del tubo digestivo, el primer ano, la cabeza y las mandíbulas, revelando cómo la necesidad de encontrar y consumir alimento contribuyó a remodelar la vida animal y acabó produciendo las extraordinarias capacidades auditivas de los murciélagos. En las Bahamas, la inteligencia de los delfines abre una historia aún más profunda: desde antiguas células capaces de percibir la luz hasta la evolución de los ojos, los cerebros complejos, los sentidos sofisticados y las extraordinarias mentes de los delfines actuales. El viaje culmina con uno de los grandes atletas de la naturaleza. Siguiendo los ancestros del caballo a través de cientos de millones de años, Packham descubre cómo primitivas células musculares evolucionaron hasta formar sistemas de movimiento cada vez más potentes, cómo los corazones comenzaron a suministrar oxígeno a esos músculos y cómo las extremidades se convirtieron en herramientas cada vez más eficaces para desplazarse. Reptar, nadar, caminar y correr terminan convergiendo en un animal construido para alcanzar una velocidad y resistencia extraordinarias. Juntos, estos últimos episodios revelan una fascinante realidad: el hambre, la percepción y el movimiento no fueron simplemente necesidades para sobrevivir, sino poderosas fuerzas evolutivas que ayudaron a crear la asombrosa complejidad de la vida animal.
El intestino y el microbioma, las bacterias que prosperan en él, procesan el combustible que el cuerpo humano necesita, tanto en periodos de ayuno como durante una ultramaratón. Los humanos han convertido la comida en cultura, en celebración y encuentro. Pero el alimento es en el fondo una cosa: Energía para vivir. Incluso cuando estas inmóvil, el cuerpo necesita un montón de energía. Pero esa necesidad de combustible nunca es más evidente que cuanto empujas tu cuerpo al límite.
El viaje culmina con uno de los grandes atletas de la naturaleza. Siguiendo los ancestros del caballo a través de cientos de millones de años, Packham descubre cómo primitivas células musculares evolucionaron hasta formar sistemas de movimiento cada vez más potentes, cómo los corazones comenzaron a suministrar oxígeno a esos músculos y cómo las extremidades se convirtieron en herramientas cada vez más eficaces para desplazarse. Reptar, nadar, caminar y correr terminan convergiendo en un animal construido para alcanzar una velocidad y resistencia extraordinarias. Juntos, estos últimos episodios revelan una fascinante realidad: el hambre, la percepción y el movimiento no fueron simplemente necesidades para sobrevivir, sino poderosas fuerzas evolutivas que ayudaron a crear la asombrosa complejidad de la vida animal.