En los tres últimos episodios de la serie, Chris Packham sigue tres extraordinarios viajes evolutivos para descubrir cómo las implacables exigencias de la supervivencia transformaron a sencillos animales primitivos en algunas de las criaturas más sorprendentes que existen hoy. En Borneo, el voraz apetito del murciélago nos lleva más de quinientos millones de años atrás, hasta los orígenes del tubo digestivo, el primer ano, la cabeza y las mandíbulas, revelando cómo la necesidad de encontrar y consumir alimento contribuyó a remodelar la vida animal y acabó produciendo las extraordinarias capacidades auditivas de los murciélagos. En las Bahamas, la inteligencia de los delfines abre una historia aún más profunda: desde antiguas células capaces de percibir la luz hasta la evolución de los ojos, los cerebros complejos, los sentidos sofisticados y las extraordinarias mentes de los delfines actuales. El viaje culmina con uno de los grandes atletas de la naturaleza. Siguiendo los ancestros del caballo a través de cientos de millones de años, Packham descubre cómo primitivas células musculares evolucionaron hasta formar sistemas de movimiento cada vez más potentes, cómo los corazones comenzaron a suministrar oxígeno a esos músculos y cómo las extremidades se convirtieron en herramientas cada vez más eficaces para desplazarse. Reptar, nadar, caminar y correr terminan convergiendo en un animal construido para alcanzar una velocidad y resistencia extraordinarias. Juntos, estos últimos episodios revelan una fascinante realidad: el hambre, la percepción y el movimiento no fueron simplemente necesidades para sobrevivir, sino poderosas fuerzas evolutivas que ayudaron a crear la asombrosa complejidad de la vida animal.
David Attenborough se embarca en un viaje extraordinario para revelar la extraordinaria evolución de los animales voladores, desde los ligeros colibríes a los escarabajos acorazados, desde los murciélagos a los reptiles voladores. Una historia de 300 millones de años. Hoy, usando los últimos análisis científicos, podemos revelar las habilidades que permiten desafiar la gravedad. "La Conquista de los Cielos" usa la última tecnología en cámaras 3D y de alta velocidad y deslumbrantes imágenes generadas por ordenador para llevar al espectador más cerca que nunca a este asombroso mundo aéreo.
Desvelaremos como los pájaros tomaron los cielos. En México, Sir David Attenborough observa a los murciélagos cazados por un halcón. Los Pterosaurios fueron los precursores de los pájaros, pero los insectos ya habían desarrollado el vuelo 150 millones de años antes. En las formas primitivas de los pájaros, como el archaeopteryx, se pueden trazar los ancestros reptilianos. Algunas especies actuales, como el lagarto volador, muestra como pudo suceder esta evolución. Uno de los pájaros más grandes que existieron fué el Pájaro del Terror, que midió 2.5 metros." Probablemente fue el evitar a los predadores lo que condujo a los pájaros al aire. Los que perdieron la capacidad de volar por falta de enemigos suelen habitar en islas, como Nueva Zelanda, donde el Moa, otro gran pájaro ya desapareció. Descubriremos la enorme variedad y versatilidad de las aves que habitan allí.
Abre tus ojos al bizarro, feroz, sorprendente y bello mundo de los invertebrados, un universo en miniatura oculto a nuestros ojos. En el primer episodio, la historia de los invertebrados terrestres. La babosa leopardo con su ritual maratoninano de apareamiento, los cienpiés gigantes de las cavernas devoradores de murciélagos y mucho más.
Los mamíferos dominan el planeta, gracias a su sangre caliente y por el cuidado de sus crías. Semanas filmando en el invierno antártico revelan como una madre de foca de Weddell abre un agujero en el hielo con sus dientes. Se filma en un globo a los murciélagos en su migración y un equipo de submarinista capta las ballenas jorobadas macho luchando por las hembras.
El viaje culmina con uno de los grandes atletas de la naturaleza. Siguiendo los ancestros del caballo a través de cientos de millones de años, Packham descubre cómo primitivas células musculares evolucionaron hasta formar sistemas de movimiento cada vez más potentes, cómo los corazones comenzaron a suministrar oxígeno a esos músculos y cómo las extremidades se convirtieron en herramientas cada vez más eficaces para desplazarse. Reptar, nadar, caminar y correr terminan convergiendo en un animal construido para alcanzar una velocidad y resistencia extraordinarias. Juntos, estos últimos episodios revelan una fascinante realidad: el hambre, la percepción y el movimiento no fueron simplemente necesidades para sobrevivir, sino poderosas fuerzas evolutivas que ayudaron a crear la asombrosa complejidad de la vida animal.